El silencio no es mi idioma.

lunes, mayo 22, 2006

Reflexiones en tren

Supongo que todos nos hemos planteado seriamente al menos una vez en la vida sobre el sentido de todo esto.

Dicen que uno no elige el barrio en el que nace, pero siempre vuelve. Ayer volví al barrio, como tantas otras veces, pisé su calles, contemplé su arquitectura, miré sus personajes, sentí sus olores y también experimenté muchas otras cosas, esas que no pasan por los sentidos, esas que uno lleva adentro. Los recuerdos de la adolescencia y de la infancia son muchos, tantos que con solo imaginar la intersección entre dos de sus calles puedo comenzar a hablar sin parar. Imposible olvidar por ejemplo esa tarde que Susanita y Macu venían a toda velocidad en una moto prestada y se estrellaron contra la pared que separa el trencito de la calle, justo en Gutemberg y Condarco, o aquella otra en la que le estropeamos a tomatazos el frente de la Iglesia al Cura Ricardo y le pintamos la leyenda "Cura Pata de Palo" justo en Navarro y Artigas, ¿sería acaso el primer síntoma de un agnosticismo prematuro?.

¿Tendré las marcas de la Agronomía en mi, o quizás la Agronomía tenga mis marcas también?.

Cada vez que vuelvo es para visitar a la vieja, a los tíos, algún amigo, o para ir a la cancha, pero esta vuelta al barrio tuvo algo de distinto a las demás, hice algo que por alguna razón que no logro entender no extrañaba. Me subí después de muchos años a su tren.

La estación de tren. Esa misma en la que durante cinco años, mañana tras mañana me encontraba algo dormido esperando para ir al colegio. Esa misma estación donde partía cada tarde a visitar a mi novia, fue la misma que me viera algunos años más tarde partir en sentido contrario hacia el trabajo. Fue ese tren el que me unió sin quererlo con mis responsabilidades de estudiante primero y de empleado después.

Sufrimos el síndrome del avestruz cuando creemos que por el solo hecho de alejarnos de algo, o de alguien, ese lugar, ese objeto o esa persona desaparecen. En realidad no nos damos cuenta de que los que desaparecemos somos nosotros y el resto sigue su curso establecido.

El tren estaba igual, los vagones pintados de rojo, azul y color trigo, el piso y los asientos verde chillón, sus mismas puertas y ventanas, sus mismos vendedores ambulantes, su mismo recorrido, sus mismas estaciones, su misma impuntualidad y el mismo sonido del silbato del guarda, antes de cerrar las puertas.

Todos tenemos nuestro lugar en el mundo, ese donde nos sentimos como en casa, resguardados, seguros. Ese lugar donde siempre seremos niños y donde cada vez que algo malo suceda tendremos a nuestros padres para protegernos. Yo se perfectamente donde es ese lugar, mi lugar. Puedo ubicarlo en un mapa con los ojos cerrados, puedo reconocerlo casi instintivamente. No pretendo que sea de tu agrado, no pienses que con estas breves palabras intento convencerte, se que no podrías interpretar lo que digo porque no escribo desde la razón. Las casas de mi barrio no son tan pintorescas como las de Belgrano ni se escribió en ellas la historia de la patria como en las de San Telmo, sus edificios no son tan altos como los de Caballito ni sus espacios verdes tan concurridos como los de Palermo. Te preguntarás entonces porque me empeño en hablar de ese lugar, tan chato, tan monótono, tan gris, que pasa desapercibido ante otros barrios porteños. La respuesta es muy simple amigo mío, en ese lugar mis ideales bebieron su esencia y en esas calles sigue jugando aquel que nunca volveré a ser, pero lo más importante es que en esa casa de ladrillos que te estoy señalando ejercí por primera vez dificil arte del soñar.

Es entendible que creas que peco de romántico por perseguir utopías, por permitirme soñar con un mundo que solo veré con los ojos cerrados, por no claudicar ante la idea de que una sociedad más justa es posible o por creer que el hombre puede y debe evolucionar. No puedo mirar hacia otro lado cuando veo que hay hambre y miseria, esa miseria que duele, que se te clava en el hígado como una lanza, que hay injusticia y que hay desocupación. Pero lo que más duele, no es el hambre de los pibes que comen de los tachos de basura en la puerta de tu casa, ni mucho menos las chozas en las que viven, ni sus cuerpos enfermos, ni sus almas errantes, tampoco son sus zapatos de tierra ni sus lágrimas de barro ni sus vientres hinchados ni sus mudos reclamos. Lo que más duele, amigo, es lo que vos y yo hacemos para revertir todo eso. No hacemos NADA.

Somos jóvenes, no hay dudas. Pero también somos los hijos de los desaparecidos del terror de estado, somos los hijos de la obediencia debida y el punto final, somos los hijos del Menemismo, los hijos de la cultura de lo efímero, del éxito fácil, de la primacía de lo superficial sobre lo intelectual, del facilismo, del fútbol que se fagocita todo, de la invasión cultural, de la incultura, de la deuda externa, de la deuda interna, del corralito y de la masacre de Cromañón. ¿Acaso todo esto que acabo de enumerarte no te mueve un pelo?, ¿no te moviliza?, ¿o estabas haciendo zapping en el sillón del comedor y no te enteraste de nada?. A nuestra generación no la parieron, a nuestra generación la cagaron. Somos los hijos del culo.

Se perfectamente lo que estás pensando pero te equivocas, no voy a hablarte de armas ni de revoluciones, voy a hablarte de sensibilidades. Un gran hombre dijo alguna vez en un discurso que quedó grabado a fuego en la historia de los pueblos libres de América Latina, que el hombre nuevo debía "desarrollar al máximo la sensibilidad, para sentirse angustiado cuando en algún rincón del mundo se asesina un hombre, y sentirse entusiasmado cuando en algún rincón del mundo se alza una nueva bandera de libertad", es allí adonde quiero arribar, a una sensibilidad distinta.

¿Podremos alguna vez ser lo suficientemente sensibles para conmovernos de lo maravilloso de lo cotidiano?. ¿Alguna vez te detuviste a pensar que todos los días sale el sol, que es una masa de fuego de miles de millones de toneladas que nos ilumina y da vida?. ¿Cuándo fue la última vez que plantaste una semilla y creció una planta?, ¿acaso no es asombroso lo que la naturaleza nos regala a diario?. Deberíamos asombrarnos constantemente, sin embargo tomamos la maravilla de la vida como algo más que nos sucede, y que pasa, sin más.

Si esperabas encontrar en mis palabras respuestas a las preguntas eternas del hombre, lamento haberte desilusionado, soy tan solo uno más, uno del montón que pasará por el mundo sin dejar huella.

Ayer volví a mi barrio. Ayer subí a un tren. Lo que no sabía era que ese tren me iba a llevar a recorrer caminos insospechados dentro de mi cabeza.

4 Comments:

Anonymous Silvina said...

La verdad... sin palabras...

Querido amigo perdido en el tiempo, tu relato hizo volver muchos recuerdos q guarde en algún rincón del alma, pero q ocupan un lugar muy importante en ella. Si bien el lazo q nos unió tantos años un día se desato, para más tarde seguir otros rumbos, aun sigo queriendote igual q siempre Ramiro Blues. Millón de besos y un abrazo fuerte de esos q te dejan sin aire y aflojan las piernas. Todavía estoy esperando los mates eh? La próxima visita al barrio acordate q vivo a la vuelta…

Tuchi.

3:53 p. m.

 
Anonymous Gaby said...

Al igual que Tuchi, casi sin aliento.

Tus palabras me hicieron recorrer algunas sensaciones compartidas, de las cotidianas y las no tanto. Ese es todos los días mi tren, y ayer volviendo una vez más a casa mi cabeza disparó esa noción esencial, la del barrio y nuestra historia, la que construyó cada uno a su modo. Gracias por el recuerdo. Un gran beso.

Gaby

"...viejo, barrio, perdoná sin al evocarte se me pianta un lagrimón, que al rodar por tu empedrao' es un beso prolongao' que te da mi corazón" :o)

9:36 p. m.

 
Anonymous Kiti said...

Ra.. gracias por compartir esto con nosotros.. es muy lindo… vos sos una persona muy LINDA… te quiero mucho.. estoy muy contenta de que a través de Ri hallas entrado en nuestra familia. Sabes, cuando me preguntan por la vida de Ri, y cuento que esta de novio, te describo como que sos el mejor hombre que mi hermana pudo haber encontrado para compartir su vida… realmente estoy muy feliz por ustedes... Los QUIERO. Ki

11:35 a. m.

 
Anonymous tu hermana mayor said...

Qué extraño gen mutante en común tendremos hermano??
Te quiero...yo

3:02 p. m.

 

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